Morí por la Belleza, pero apenas

ahormada en la tumba.

Otro murió por la Verdad, y estaba

en un lugar contiguo.

Me preguntó en voz baja: «¿De qué has muerto?».

Dije: «Por la Belleza».

«Pues yo por la Verdad. Y son lo mismo».

Añadió: «Hermanos somos».

Así, como parientes que se encuentran

de noche, conversamos.

Hasta que el musgo nos llegó a los labios

y cubrió nuestros nombres.

Versos de Morí por la belleza, de Emily Dickinson

Fotografía: Pexels – Mario Wallner