«En efecto, nuevos disfraces hicieron su aparición. Señoras vestidas de hombre, absurdas a causa de sus opulentas formas, rostros ennegrecidos con tapones quemados; hombres disfrazados de mujer, tropezando con las faldas, como el estudiante Rasmussen con un enorme abanico de papel. Apareció un mendigo, con las rodillas dobladas, apoyado en la muleta. Uno se había vestido de Pierrot con unas sábanas y un sombrero de mujer; llevaba la cara empolvada, de manera que los ojos habían adquirido un aspecto extraño, y los labios pintados con un rojo de sangre»

Óleo: Autorretrato con máscaras de James Ensor

Texto: de La montaña mágica de Thomas Mann

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