El escritor azteca, hombre de pocas palabras en la vida real y poco amante de las entrevistas, admitía que en su Jalisco natal la característica de la gente de campo era queda y que más bien hablaban para sus adentros. Que incluso en el seno de su propia familia las expresiones mayoritarias abundaban en poco más que monosílabos. Aun así, sus lectores afirman que su literatura, la misma que en más de una oportunidad le llevó a ser candidato al premio Nóbel, aunque por momentos descarnada, describe como pocas la dura vida del labriego. Acostumbrado a que otros decidan por él y por su destino. En su voz, este pasaje de uno de sus relatos más apreciados: