Pertenece a esa rara clase de políticos que pueden viajar en transporte público sin sobresaltos. Respetada por propios y por muchos de sus ajenos no es una afamada autora de ficción, aunque en su momento haya puesto en sus escritos los puntos y las comas en más de una sentencia. Sus antecedentes personales certifican que desde muy joven ya participaba de los movimientos estudiantiles de la Transición, y que luego, una vez graduada en leyes, decidió desempeñarse como abogada laboralista. De allí a jueza, y después a presentarse en las elecciones municipales para concejal, hasta alcanzar luego el puesto de alcaldesa de la capital española. Hoy, alejada de la función pública, sigue siendo una lectora empedernida, con una amplia variedad de registros en cuanto a preferencias se refiere. En el siguiente vídeo habla de ello, de sus experiencias con el mundillo de la política, y también de los porqués de sus predilecciones literarias: