«Sé que soy una decepción para ella: incluso lo soy para mí mismo. Sé que me falta pasión, vitalidad, empuje. Que no hablo apenas, que soy introvertido y aburrido. Sé que mi mujer se desespera cada vez que me ve pasar las horas delante del televisor absorto en unos programas que por otra parte aborrezco. Un día, hace ya años, era un domingo por la tarde y estábamos viendo una película en el vídeo, mi mujer bostezó, se estiró y se me quedó contemplando pensativamente:

-Quién sabe, quizá sea esto todo lo que hay -dijo con lentitud-«

Pintura: Habitación en Nueva York de Edward Hopper

Texto: del relato Parece tan dulce de Rosa Montero