Poder de seducción
El amor a la vida comienza con el amor a las palabras, desde que una persona nace. Las ilustraciones, los dibujos, los sonidos acercan la literatura a los niños.
Leer, por eso, es una aventura fantástica, a través de mensajes simbólicos: el viaje -todos somos viajeros en el tiempo y en el espacio-; la felicidad -vocablo indescifrable que podría equivaler a sonreír con espontaneidad; el mundo -los paisajes interiores, personales y únicos, y los exteriores, la naturaleza-; las imágenes y sonidos -que son textos maravillosos-; las historias -lo cercano y lo lejano que nos llevan a las raíces, mitos, leyendas y tradiciones-; los misterios -la lucha sempiterna entre el bien y el mal, lo sagrado y lo profano, los pasadizos secretos, sus vampiros y duendes-; los animales y sus sorprendentes enseñanzas -y en primer lugar, el animal humano; los héroes y heroínas de siempre…
Y mucho más, porque el libro es el poder de la seducción por su encanto incomparable. Por su olor a tinta, y a polvo y ceniza. Corresponde, sin lugar a dudas, al amor sin límites, en palabras de Fernando Pessoa: “Amo -al libro- como ama el amor. No conozco otra razón para amar que amarte. ¿Qué quieres que te diga además de que te amo, si lo que quiero decirte es que te amo?”
Leer equivale a comer el potaje más sabroso; bailar con la mujer más linda; viajar por los lugares fantásticos, y pintar el mural más visto del mundo. Con razón Jorge Luis Borges dijo que “si existe cielo mi encuentro sería con los mejores libros leídos de mi historia”.
Experiencias valiosas
Si bien la escuela enseña a leer, en ocasiones “mata” la lectura cuando se convierte en obligación. El placer de leer se encarna en las familias lectoras y en los espacios ciudadanos: las bibliotecas, los parques, los buses, los jardines y las montañas. ¡No hay espacio que no sirva para deleitarse con un libro!
Existen experiencias valiosas que las compartí en algunos tramos de mi vida. En Uruguay la gente leía en las paradas, en los buses y en los taxis, incluso en los ascensores. En España estuvieron de moda los libros de bolsillo. Nunca olvido la famosa colección “Alianza Cien”, con títulos representativos de la cuentística universal. Y por supuesto las ramblas, en Barcelona, donde los quioscos de libros, periódicos y revistas se alternan con músicos callejeros, mimos, arlequines y juglares. El programa “Libros a la calle” es emblemático en Madrid porque los libros han “inundado” los transportes públicos. En Londres, París y Nueva York, en cada coche, leen por lo menos diez personas…
<La autoría de este artículo es de Fausto Segovia Baus, y fue reproducido en las páginas del diario El Comercio de Perú>
