«–¿Y por qué estoy hablando con un puñetero gato? Ni que pudieras entenderme…
Qué poco sabía, pensé mientras él apuraba el resto del café. Para demostrarle que sí lo entendía, me restregué contra sus piernas y le ofrecí el cariño que sin duda tanto necesitaba. Pareció sorprendido, pero no se apartó de inmediato. Decidí tentar a la suerte y salté a su regazo…«
Crédito de imagen: Claudia Bertucelli
Texto de la novela El gato que curaba corazones, de Rachel Wells
