Amo las horas de mi ser en sombra

donde se profundizan mis sentidos;

he hallado en ellas, como en viejas cartas,

mi vida cotidiana ya vivida,

su legenda cercana y superada.

Por ellas sé que tengo espacio para

una segunda vida, ancha y sin tiempo.

Y algunas veces soy igual que el árbol

que, maduro y sonoro, en una tumba

cumple aquel sueño que el muchacho antiguo

(ceñido por su cálidas raíces)

perdió en melancolías y canciones.

Fotografía: Pexels – Eunhee Beckman

Texto del poemario Versos de un joven poeta de Rainer Maria Rilke

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