«Era invierno, y la luz del amanecer pintaba la ciudad con colores imprecisos, casi irreales. El agua de los canales, lisa como un espejo, parecía reclamar por las heridas que le abría la embarcación, y de pronto, en el reflejo de aquella Venecia todavía dormida, vi la silueta de un hombre viejo rumiando el silencio del alba, la única manera de aceptar la imposibilidad del amor hacia una mujer mucho, demasiado, más joven, y no por un prejuicio derrotista o una superchería moral, sino por salvar la capacidad de amar de esa mujer»
Texto de las Historias marginales de Luis Sepúlveda
Crédito fotografía: Pexels – Jarod Barton
