De la tradición oral a la comprensión lectora

La interacción entre la tradición oral, la literatura y la comprensión lectora ha sido un elemento vital en la práctica pedagógica para formar lectores, desde nivel parvulario hasta postgrado, esto es así porque estas áreas del conocimiento contribuyen en la comunicación y el desarrollo del pensamiento de la humanidad, bien lo señalan los estudios de Walter Ong, Fred Dervin, Emilia Ferreiro, Savater, Cassany, entre otros.

Así mismo los estudios de sociología y pedagogía de la lectura y del desarrollo del pensamiento (Petit, Olson, Savater, Careaga, Derrida, entre otros.) exponen que desde que la humanidad existe, diversas culturas del mundo han transmitido conocimientos y valores a través de cuentos, mitos y leyendas orales, que luego se consolidan en estructuras de pensamiento, a medida que se estimula el cultivo del diálogo y la lectura en las personas, dentro de sus respectivos entornos; y a medida que se los va escribiendo y transfiriendo en la cultura escrita. Al igual que en la antigua Grecia, en Asía, Oceanía, África, América, etc. y en distintas partes del mundo, la oralidad ha sido fundamental en el proceso comunicativo y de desarrollo del pensamiento.

Conversar, igual que leer son actos revolucionarios en tiempos actuales, dado que exige plena atención y escucha antes que reacción o afán de ganar con algún argumento. Conversar no es debatir, es todo lo contrario, es un ejercicio de maduración del pensamiento, de puesta en escena de aquellas ideas, inquietudes que pueden ser tanto del intelecto, como del espíritu o las emociones, y lo que se busca ante todo es compartirlas (hablando y escuchando), para cultivar o afinar lo que sea necesario, es un acto pedagógico y filosófico al unísono, que los buenos mediadores de lectura y mediadores de conflicto, mediadores culturales han enseñado en favor de la cohesión social.

Posterior al entrenamiento de este arte, mediante la mediación de la lectura, podemos ingresar con mejores recursos cognitivos a la disciplina de la argumentación, ahí ya es posible acercarnos a la estructura del debate y la organización de argumentos, para desarrollar así una conciencia crítica y argumentativa, una competencia lectora esencial a partir de los 12 años.

De esto se trata la autoconciencia del ethos lector en nuestra sociedad, para ello, habrá que entrenar desde casa, lecturas de diez minutos al día, en familia, conversar el vocabulario nuevo, acorde a las edades de los niños y adolescentes de casa, luego dialogar, decidir en conjunto, es decir, cultivar la democracia, a partir del cultivo del pensamiento y el diálogo, para que las decisiones que tomen los niños y jóvenes sean conscientes, como bien diría la maestra Ferreiro cuando insistía en que “leer y conversar son formas de participación ciudadana que empiezan en el hogar.”

Los estudios de Walter Ong y David R. Olson sobre oralidad, escritura y lectura subrayan las implicaciones conceptuales y cognitivas del paso de la oralidad a la escritura. Estos autores identifican tres canales esenciales para acceder a otras culturas: la alfabetización emergente (sonidos e imágenes), la alfabetización del código impreso en la cultura que corresponda, a la lectura inferencial, lectura descriptiva hasta la literacidad crítica, y hoy por hoy como señala Cassany: la transición a la literacidad digital fortaleciendo la criticidad.

Estos procesos son fundamentales para la inserción profesional y laboral en todos los ámbitos, tanto en profesiones de las ingenierías, medicina, como profesiones técnicas, o en el área de investigación científica, así mismo son esenciales para el ejercicio mismo de nuestros derechos civiles.

Solo por citar algunos autores emblemáticos del mundo como Gabriel García Márquez, Gioconda Belli, Isabel Allende, Gabriela Mistral, Octavio Paz, Juan Rulfo, Mario Vargas Llosa, Homero Carvalho, Liliana De la Quintana, Isabel Mesa, Giovanna Rivero, Gabriel Mistral, Gonzalo Rojas, etc. si los leemos con atención, veremos que han incorporado la tradición oral en sus obras, estableciendo una conexión profunda entre la literatura escrita y las narrativas orales de sus lugares de vida.

Todo ello permite a los lectores explorar temas culturales y sociales relevantes en un contexto que refleja las realidades socioeconómicas de la humanidad y demuestra que el tema de la oralidad no es un asunto exclusivo de pueblos indígenas, de niños y jóvenes, sino de toda la humanidad en sus distintas etapas de desarrollo cultural, político y económico.

<Claudia Vaca es la autora de este artículo. Fue publicado en las páginas del diario El Deber de Bolivia>