De refugiado a premio Pulitzer

En tiempos donde la palabra refugiado se encuentra por variados motivos a la orden del día, Viet Thanh Nguyen (Buon Ma Thuot, 1971), flamante ganador del premio Pulitzer, de origen vietnamita pero inmigrante desde hace años en los Estados Unidos, hoy atravesando los particulares tiempos de la administración Trump, habla de la importancia que para un autor tiene reflexionar e intentar regresar a aquellos traumas que nos hicieron daño, según el escritor asiático, única manera de lograr paliar las profundas huellas psicológicas del pasado y redimirse como ser humano 

El artículo a continuación fue reproducido en el diario El País de Madrid:

J A Aunión

La vida y la obra del escritor Viet Thanh Nguyen, de 48 años, ganador del premio Pulitzer y profesor de la Universidad del Sur de California, es pura ambivalencia. Piensa en sí mismo como estadounidense (llegó al país con 4 años junto a su familia huyendo de la guerra) y también como vietnamita (de allí huían), pero se sabe parte de una minoría en ambos países. Logró salir adelante y labrarse una carrera académica obligándose a no pensar en su infancia y adolescencia como refugiado, pero volvió a sumergirse en ese tiempo cuando decidió ser escritor:

“Para recopilar material para nuestra escritura tenemos que volver aquello que nos hizo daño”, explica. Su experiencia traumática nace de sus recuerdos, como el primero de todos, cuando le separaron de su familia para poder salir del campo militar donde vivían a su llegada a EE UU a mediados de los años setenta; pero también de aquello que ha hecho suyos a través de los recuerdos de sus padres, esa memoria de segunda mano que puede llegar a ser más poderosa que la directa.

Sobre todo ello, sobre la situación que viven en su país los refugiados e inmigrantes bajo el Gobierno de Donals Trump (“Quienes les odian son los que controlan hoy los mecanismos políticos”) y sobre la secuela que está preparando del libro que le valió el Pulitzer en 2016 (El simpatizante, un relato de humor negro sobre un agente doble del Vietcong exiliado en Los Ángeles) habló Nguyen con EL PAÍS hace unas semanas, a su paso por Madrid para participar en la tercera conferencia anual de la Asociación de Estudios de la Memoria.

Habló, por ejemplo, de esa “memoria de segunda mano” que también marcó toda la obra de uno de sus autores favoritos, WG Sebald. “Él usa el término para describir su propia experiencia, la de alguien nacido en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, que creció en los años cincuenta y en medio de un gran silencio en todo el país”. En su propio caso, se refiere a los silencios de sus padres, a las cosas que no respondían y a las que él mismo prefería no preguntar. Y también a las que ellos elegían contarle.

“Eran de procedencia humilde, vivieron tiempos muy difíciles, de guerra y descolonización”, arranca. Y añade sobre esas historias que sí elegían rememorar para él, las que de hecho han repetido una y otra vez a lo largo de los años: “Eran o bien muy dramáticas o muy nostálgicas”. Muchas de ellas tenían que ver, por ejemplo, con una brutal hambruna que sufrieron en los años cuarenta y que mató a casi un millón de personas en el norte de Vietnam, cuando no tenían ni siquiera arroz y se veían obligados a comer raíces. “Algunas veces, mi padre cocina raíces como entonces, simplemente porque le recuerda a ese periodo que, aunque fue horroroso, también le lleva a su juventud ahora que tiene 85 años”.

Nguyen ha reflexionado mucho sobre estas cuestiones, como académico y en obras como The Displaced (Los desplazados, en la que reunió testimonios de 17 escritores que habían sido refugiados), The Refugees (Los refugiados, una colección de cuentos que exploran entre otros temas la inmigración y la identidad) y el ensayo Nothing Ever Dies. Vietnam and the Memory of War (Nada muere nunca. Vietnam y la memoria de la Guerra). Y ha llegado a la conclusión de que no hablar de algo no es lo mismo que olvidarlo: “Incluso con el silencio puedes sentir que algo está ocurriendo. Yo he crecido en el entorno de una comunidad de refugiados vietnamitas y allí había mucha violencia doméstica y de otros tipos que creo que estaba conectada con ese pasado en la guerra, como refugiados”.

Entonces, ¿el olvido no es una opción? “Obviamente necesitamos olvidar —individualmente y como países— para poder avanzar. La cuestión es cómo lo hacemos. Y me temo que la mayoría de la gente en la mayoría de los países olvidamos, simplemente, negándonos a lidiar con el pasado, pretendiendo que nunca existió y creyendo que eso nos permite seguir adelante, pero en realidad significa que ese pasado seguirá acompañándonos”. ¿Y cómo se hace, entonces, para olvidar? “Es crucial volver a ese momento traumático para saber qué significa emocionalmente para ti, para entender las complicaciones. Yo creo que solo puedes olvidar cuando finalmente te enfrentas a tu pasado”.

Y eso vale para las personas y también para los países, insiste. De hecho, cuando se le pregunta por cómo está tratando hoy Estados Unidos a los refugiados y a los inmigrantes, su respuesta se remonta a una cuestión histórica no resuelta, una especie de batalla interminable entre los dos corazones de EE UU. “El país está dividido sobre un montón de cosas porque desde el propio origen de la sociedad estadounidense hemos tenido dos impulsos. Uno de ellos es hacia cosas preciosas como la integración, el sueño americano… Pero el otro es la violencia, porque el país fue construido sobre la base de la conquista, el genocidio, la esclavitud, el racismo, el odio… Esta contradicción fundamental vive en la raíz de la historia estadounidense y ahora se está dirigiendo contra los refugiados y los inmigrantes”, explica. Así, si las decisiones políticas de la Administración están teniendo “efectos humanos terribles” (“Las podemos ver todos los días, con inmigrantes muertos, fotografías terribles, niños torturados…”),  también es cierto que “hay una protesta social muy fuerte, desde políticos a gente común que están diciendo que es un error, que se puede hablar de políticas de inmigración y de fronteras, pero no se puede de ninguna manera cometer este tipo de atrocidades”.

 

 

 

 

 

 

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