Picasso, la guerra y su literatura

Durante un tiempo cercano a los dos años, cuando se encontraba en plena efervescencia pictórica en su estudio de París, el malagueño cayó en un período de bloqueo creativo. Los acontecimientos de la Guerra Civil en España hicieron que su expresión artística sufriera una mutación y se inclinara forzosamente hacia las letras, siendo la suya una forma cercana a una terapia que a una manifestación para ser expuesta ante el público. Etapa de oscuridad de la que Pablo Ruiz Picasso pudo emerger cuando la aviación nazi acometió el terrible bombardeo sobre una pequeña población vasca, que dio origen a su obra monumental y antibelicista: el Guernica  

Una de las dos planchas con viñetas que componen la obra Sueño y mentira de Franco. Museo Casa Natal

“Soy un pintor viejo y un poeta recién nacido. Estoy contento”, decía mientras estaba absorto en una crisis espiritual que lo alejó de los grandes lienzos. Desde 1935 a 1937 las musas desaparecieron de entre los pinceles pero adornaban páginas donde jugueteaban con textos, grabados, ilustraciones y carteles.

“Ya no pintaré más”, dijo, pero este propósito saltó por los aires cuando se produjo el bombardeo de Guernica, en la Guerra Civil. Volvió a dedicarse a la pintura, ahora con un carácter social y de denuncia, la misma impronta que dejó en los textos sucesivos que creó.

La guerra todo lo cambió para él. Si hasta ahora su arte se expresaba a través de ilustraciones que acompañaban los textos de sus grandes amigos, entre los que se encontraban los miembros del ‘Au rendez-vous des poètes’ (punto de encuentro de poetas), en estos momentos su producción se volvía más comprometida. Eran tiempos convulsos y, aunque el artista no había compartido públicamente sus ideales políticos, decidió tomar parte.

Resultado de ello fue la carpeta que diseñó, escribió, ilustró y editó Pablo Ruiz Picasso bajo el nombre Sueño y mentira de Franco. La obra, considerada como su primer libro ilustrado y el primer trabajo con marcado contenido político, se compone de 18 imágenes grabadas al aguafuerte en dos planchas de cobre de formato apaisado. Cada viñeta tiene un tamaño de 31x42cm y, en un primer momento, había una intención de recortarlas para distribuirlas como postales, tal y como hiciera con las estampas del Guernica. “Llévenselas. ¡Souvenir! ¡Souvenir!”, les decía a los nazis cuando se acercaban a su taller en Francia durante la II Guerra Mundial.

Fandango de Lechuzas, un poema surrealista en prosa escrito a mano y en lengua española, acompaña los grabados. 14 de las 18 imágenes están fechadas a principios de enero del 37, antes de la realización del Guernica. El resto, se realizaron a principios de junio, después de la gran obra. En un tono satírico, Picasso realizó diversas caricaturas de Franco. En una viñeta aparece el general vestido de mujer de dudosa reputación e incluso se atrevió a decorarlo con una mantilla; en otra, es una criatura con cabeza de patata. La producción, leída de derecha a izquierda, contó con una reproducción inusualmente grande. Un total de 1.000 ejemplares, impresos en París, salieron a la calle con el fin de recaudar fondos destinados a la República.

El artista malagueño en su biblioteca
 Museo Casa Natal

Picasso era un voraz lector que se codeaba con los grandes y no tan conocidos escritores del momento. El papel fue altavoz de muchas de sus preocupaciones, tanto personales como artísticas y, por último, se convirtió en una vía para comentar la realidad sociopolítica del momento. Tanto la Guerra Civil Española como la Segunda Guerra Mundial hicieron que el pintor se parapetase en el mundo de las letras como herramienta de resistencia. En ello tuvo mucho que ver su relación con Dora Maar o su amistad con Eluard, miembro del Comité Nacional de Escritores que el malagueño frecuentaba y que se había convertido en un instrumento al servicio del Partido Comunista Francés para luchar contra el invasor. Sartre era otro asiduo al club.

En esta etapa, las aportaciones del artista al mundo de la literatura eran una constante, tanto con sus textos como con los dibujos que acompañaban las letras de otros escritores. La literatura denuncia ocupó largos años de su vida. Y ahora queda recogida y expuesta al público en la muestra ‘Au rendez-vous des poètes. Picasso y los libros’, en su museo-casa natal, en Málaga.

Cubierta de El entierro del Conde de Orgaz
 Museo Casa Natal

El polifacético Pablo Ruiz Picasso realizó 156 libros ilustrados en toda su trayectoria, algunos de los cuales se pueden disfrutar en esta exposición, una muestra que es el resultado de una extensa investigación realizada en el Centro de Documentación de la Casa Natal y que ha sido posible gracias a la colaboración de la Fundación La Caixa. Para admirar la grandeza del artista desde una nueva perspectiva, con Picasso y el mundo literario, sus textos y sus ilustraciones.

Poemas y litografías
 Museo Casa Natal

Pero abarca mucho más que la literatura y los grabados de denuncia. La extensa producción del artista comienza en sus años juveniles, cuando publicaba sus obras en las páginas de Sabartés Reventós en Barcelona, pasando por su contribución a la Generación del 98 en figuras como Baroja o Unamuno, hasta su llegada a París y las influencias de personajes como Max Jacob o Apollinarire en su ‘Reunión de Poetas’. Con los años 30 se zambulle en el movimiento de denuncia política de la mano de su amigo Eluard y se centra también en los retratos de los héroes de la resistencia.

Por otro lado, Alberti y Cela ocupan un lugar destacado en la exposición. El pintor inspiró varias obras del poeta gaditano y el escritor gallego, por su parte, publicó Dibujos y escritos del pintor malagueño siguiendo las indicaciones del propio Picasso.

(El texto pertenece a Chus del Pino y fue publicado en el diario La Vanguardia de Barcelona, España)