
Muchos le consideran el más grande poeta en lengua castellana del siglo XX; y, cuando sus lectores se acercan a sus textos en una lengua no española, afirman que su poesía es de las más importantes a nivel mundial. Y es que la trascendencia de la obra del escritor peruano (Santiago de Chuco, 1892 – 1938 París, Francia), a pesar de los años transcurridos desde su muerte, no deja de cosechar admiradores por doquier y de todas las edades.
Si bien, en su corta vida, se ha ganado su fama a través de sus poemas, ha tenido oportunidad de expresarse además en otros tantos géneros como la novela, el relato corto, el ensayo, e incluso en forma de piezas teatrales. En cuanto a sus versos, dos son los elementos que los caracterizan: en primera instancia su atemporalidad, y luego una temática de corte universal. También, como le sucede a otros grandes creadores, en su quehacer se destacan diferentes épocas, influidas unas por un realismo socialista con una fuerte carga de denuncia social; mientras que en otras se mantiene un trasfondo cuasi religioso, de referencias bíblicas.
Persona de apasionada y conflictiva vida amorosa, en muchos de sus poemas subyace una no disimulada angustia existencial; otra de sus particularidades es la forma en que expresa todos estos sentimientos, enmarcados a veces por un estilo de contención en la rima, o liberados de toda prisión expresiva en otros, e incluso, con una combinación de ambas dentro del mismo verso. También se los puede encontrar excedidos en vocales o consonantes, sin cortarse en su construcción y con la inclusión de vocablos muy propios.
Tres son las etapas en las que se puede subdividir sus poemarios: el denominado período Modernista, donde quizás su mejor expresión sea Los Heraldos Negros; después el Vanguardista, con Trilce como el más claro componente; y un último que se podría definir como Revolucionario, con sus España, aparta de mi ese cáliz o sus Poemas Humanos como sus mejores exponentes.
Hombre que provenía de la pequeña burguesía del interior del país americano, la carencia de recursos económicos fue una constante en su existencia. Y, una vez tomada la determinación de abandonar su tierra en búsqueda de nuevos horizontes, lo hizo para no regresar jamás. Primero fue su estadía en España y luego mayoritariamente en Francia, donde pudo subsistir gracias a distintos trabajos periodísticos. Con una significativa característica para sus obras de ficción, ya que la publicación de la mayoría de ellas fueron póstumas. Y su reconocimiento, traducido en una constante reedición de su obra, también.
Aquí algunos de sus versos más celebrados:
Los heraldos negros
Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!
Golpes como el odio a Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé!
Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorables que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre… pobre… pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!
Trilce
Hay un lugar que yo me sé
en este mundo nada menos,
adonde nunca llegaremos.
Donde, aun si nuestro pie
llegase a dar por un instante
será, en verdad, como no estarse.
Es ese sitio que se ve
a cada rato en esta vida,
andando, andando de uno en fila.
Más acá de mí mismo y de
mi par de yemas, lo he entrevisto
siempre lejos de los destinos.
Ya podéis iros a pie
o a puro sentimiento en pelo,
que a él no arriban ni los sellos.
El horizonte color té
se muere por colonizarle
para su gran Cualquieraparte.
Mas el lugar que yo me sé,
En este mundo, nada menos,
Hombreado va con los reversos.
-Cerrad aquella puerta que
está entreabierta en las entrañas
de ese espejo. -¿Esta? -No; su hermana.
-No se puede cerrar. No se
puede llegar nunca a aquel sitio
do van en rama los pestillos.
Tal es el lugar que yo me sé.
Piedra negra sobre una piedra blanca (Poemas Humanos)
Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
talvez un jueves, como es hoy de otoño.
Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
Estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.
César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro
también con una soga; los testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos…