«Nos sentíamos orgullosos de haber tropezado con aquella caravana de la que nadie nos había hablado; contamos ciento siete camellos. Un muchacho se nos acercó y nos pidió una moneda. Su cara era de un color azul oscuro, al igual que sus ropas; era arriero y, por su apariencia, uno de los ‘hombres azules’ que viven al sur del Atlas. El color de sus vestidos, así se nos había dicho, se trasmite a la piel, y, de este modo, todos, hombres y mujeres, son azules, la única raza azul» (Elias Canetti – del relato Mis encuentros con camellos)