El feminismo de Ngozi Adichie

La literatura nigeriana no suele caracterizarse porque su producción trascienda a muchas latitudes. De hecho apenas lo hacen algunos títulos dentro del mercado anglosajón, aún así y, cuando la calidad es la que lo impulsa, el texto logra ubicarse en los estantes de las librerías.

Es el caso de Chimamanda Ngozi Adichie (Abba, Enugu, 1977 -) quien, con su relato Querida Ijeawele, ahonda en un tema que no nos es ajeno en los últimos tiempos: el feminismo. Aunque verdad es que la escritora ya posee en su haber otras historias publicadas con anterioridad, La flor púrpura o Medio sol amarillo, en las que de una u otra manera el tema subyace en sus páginas.

Lo cierto es que Adichie no es una autora que expone su idea encaramada en una tribuna y con un escrito combativo entre sus manos, nada más lejos, ya que en su  publicación elige hacerlo casi con dulzura, exenta de toda estridencia. Cualidades con las que estructura un trabajo de quince consejos que, a modo de misiva, van dirigidos a una joven madre y a su hija que acaba de nacer.

Con un lenguaje coloquial, sus sugerencias hacen hincapié en temas como el respeto, la imprescindible educación y formación de las féminas, el cuidado por el medio ambiente o la defensa de la cultura, todo ello con el indisimulado objetivo de alcanzar una sociedad que se muestre con unos parámetros de una mayor justicia para con la mujer.

De Querida Ijeawele el siguiente pasaje:

“Sé una persona plena. La maternidad es un don maravilloso, pero no te definas únicamente por ella. Sé una persona plena. Beneficiará a tu hija. Marlene Sanders, periodista pionera estadounidense (y madre de un niño) que fue la primera mujer en informar desde Vietnam durante la guerra, una vez aconsejó lo siguiente a otra periodista más joven: <Nunca te disculpes por trabajar. Te gusta lo que haces, y que te guste lo que haces es un regalo fantástico para tus hijos>.

Me parece un consejo sabio y conmovedor. Ni siquiera tiene que gustarte tu trabajo, basta con que te guste lo que el trabajo hace por ti: la confianza y plenitud que se derivan de trabajar y ganarse la vida.

No me sorprende que tu cuñada opine que deberías ser una madre <tradicional> y quedarte en casa, que Chudi puede permitirse renunciar a una familia con <ingresos dobles>.

La gente elige selectivamente la <tradición> justificar cualquier cosa. Dile que una familia con dobles ingresos corresponde a la auténtica tradición igbo porque antes del colonialismo británico las madres no solo cultivaban la tierra y comerciaban, sino que en algunas zonas de Igbolan el comercio era tarea exclusiva de las mujeres. Tu cuñada ya lo sabría si leer no fuera para ella una empresa tan ajena. Bueno, ha sido un comentario mordaz para animarte. Sé que estás molesta –y con razón- pero en realidad es mejor no hacerle caso. Todo el mundo tendrá una opinión de lo que deberías hacer, pero lo importante es lo que tú querías y no lo que los demás quieran que quieras. Rechaza, por favor, la idea de que maternidad y trabajo se excluyen mutuamente.

Nuestras madres trabajan a jornada completa cuando éramos niñas y hemos salido bien, al menos tú, en mi caso el jurado aún delibera.

Durante estas primeras semanas de maternidad, trátate con indulgencia. Pide ayuda. Espera recibirla. No existen las ´superwomen`. La crianza es cuestión de práctica… y amor. (Desearía que <criar> no se hubiera convertido en un verbo, porque lo considero la raíz de ese fenómeno global de clase media que hace de la <crianza> una travesía inquietante, interminable, cargada de culpa.)  

Concédete espacio para fracasar. Una madre novata no tiene necesariamente que saber cómo calmar a un niño que llora. No des por hecho que deberías saberlo todo. Lee libros, consulta internet, pregunta a padres mayores o simplemente aplica el sistema de prueba y error. Pero, por encima de todo, céntrate en seguir siendo una persona plena. Tómate tiempo para ti. Cultiva tus propias necesidades.

Por favor, no pienses que se trata de <hacerlo todo>. Nuestra cultura aplaude la idea de las mujeres <pueden con todo>, pero no se cuestiona la premisa del elogio. No me interesa discutir de mujeres <que lo hacen todo> porque es una discusión que da por sentado que las tareas domésticas y los cuidados son ámbitos particularmente femeninos, una idea que rechazo enérgicamente. Las tareas domésticas y los cuidados deberían ser neutros desde el punto de vista del género y deberíamos preguntarnos no si una mujer <puede con todo>, sino cómo ayudar a los progenitores en sus deberes comunes en la casa y el trabajo…”

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