«Delante había una puerta, tachonada con brillantes luces rojas de neón, y llegaba el ritmo sincopado de jazz desde la distancia, atrayente. No, la puerta no. A la derecha subían unas escaleras oscuras, amenazadoras y angostas. Mary se volvió y corrió hacia ellas, con el eco de sus pasos rebotando en las paredes de piedra. Sintió la respiración atrapada bajo las costillas, tensa y dolorosa. Los gritos se hicieron más fuertes.
–¡Mira! Es una chica. ¡Se escapa!
-¡Atrápala, rápido!
<Del relato Mary Ventura y el noveno reino de Sylvia Plath>
