La edición se renueva

No es novedoso que la particular coyuntura económica lleva a buscar nuevas formas de dar a conocer las creaciones literarias.  Con producciones que, rehuyendo los usuales circuitos de las  editoriales, apuestan por una edición más acotada y sin grandes condicionantes, para aquello que autores –en general nóveles- quieren dar a conocer.

En la misma dirección existe una camada de nuevos editores que aupados por su imaginación,  también se han lanzado a la tarea. Entre estos se encuentran los que rescatan métodos que se creían extinguidos,es decir, revistas en papel donde la calidad de impresión queda en un segundo plano. Dentro de las publicaciones que se apegan a esta metodología, nos ha llamado la atención 5000 Negros; la que llega al público a un precio módico, y a la que se puede acceder a su contenido de forma electrónica sin coste alguno.

En segundo término, se han presentado al mercado nuevas  producciones diametralmente opuestas a las anteriores; las que llegan con la mejor de las composiciones en papel, y con un precio cercano al de una novela de mediano volumen. Dentro de este concepto sobresale Orsai, publicación de peso y extensión considerable, que en su momento nació como blog personal y que luego fue derivando hacia la presentación trimestral impresa. También  se puede acceder libremente a sus contenidos por su sitio en internet.

Otra importante novedad, es que muchas de estas producciones introducen una nueva forma de distribución de sus beneficios. Cuando premian al autor incrementándole de forma substancial su porcentaje en las ganancias.

Entrevista: Tulio Stella

Es un autor que admite no ser “de editorial”,  pero que ha tenido la ocasión de producir en los géneros más variados. La obra del argentino abarca desde el ensayo a la crítica literaria, de la novela al texto teatral, del cuento al guión cinematográfico. Aún así considera que tampoco es un escritor de método riguroso, más cuando confiesa cierta pereza en el momento de volcarse a la creación literaria.  

– Tu producción no es extensa, pese a ello has sido galardonado en más de una oportunidad por tus trabajos: Premio diario La Nación (Buenos Aires, 1993)  por tu ensayo Seremos como gatos; premio Casa de América de narrativa (Madrid, 2001) por tu novela La familia Fortuna (Lengua de Trapo); y de manera reciente el premio Metrovías (Buenos Aires, 2011) por tu cuento Medio Zorro. Ante la magnitud de registros es de orden preguntarte ¿cuál es el género que te brinda mayor libertad creativa?

TS-  La libertad depende del tema, o sea: las ideas/temas vienen ya con su forma. Sí podría decir que quizá el ensayo, en el sentido de Montaigne con perdón, sería el más espontáneamente libre, el que exige menos límites. Por otra parte, los límites ayudan a no desbarrancarse…Así que todo me viene bien, según las circunstancias. Y si mi «carrera literaria» está marcada por los premios es que no soy un escritor de editorial, o sea, como nadie espera ni me exige una obra (¡ojalá!) escribo cuando puedo/quiero y mando a concursos, ya que detesto las antesalas y esperas y golpear la puerta de editoriales. En cuanto a mi experiencia con Lengua de Trapo, la que se vio obligada a editar La familia Fortuna, ya que Vila-Matas, Villoro y Abad Faciolince, integrantes del jurado junto con un representante de la editorial y otro de Casa de América, exigieron que esa fuera la obra premiada, decía, mi relación con Lengua de Trapo no fue muy agradable… (risas) De alguna manera, el editar poco y a partir de premios, es un privilegio, ya que muchos escritores «profesionales» presionados por la urgencia editorial publican demasiado y demasiadas obras incipientes que hubieran necesitado más tiempo de elaboración. En fin, de alguna manera debe ser el tipo de escritor que elegí ser, así que «el calavera, no chilla».

– En cuanto a La familia Fortuna, llama la atención la particular forma que has pensado para desarrollar las premisas, permitiéndole al lector comenzar por cualquiera de los siete medio volúmenes en la que está subdividida la novela. No nos consta antecedentes al respecto, ¿cómo surgió esta idea difícil y a la vez innovadora?

TS-  Durante mucho tiempo (soy lento…) intenté una “novela-rio” sobre Mar del Plata, en algunos aspectos con las historias que están en «La familia Fortuna»; hubiera sido una novela abundante y mechada por historias que se alternaban, etc. Pero así no salía, hasta que una frase de Joyce (en el Finnegans) algo como «cada historia un placer en sí misma» me sugirió que cada historia debía  tener su libro propio. Y allí surgió la posibilidad (que siempre estuvo en mi obra, tanto en teatro como en mi anterior novela inédita-finalista en el Barral de Barcelona (año creo que 1970) de dejar un gran margen de libertad al lector/espectador, algo similar sucede en mi obra «El marinero» a partir de un cuento de Apollinaire, que se represento en España en Festival de Cádiz, en Madrid y en el País Vasco, y traducida, también en Polonia. Ahora pienso que, quizá, eso fue lo que nos quedó del espíritu libertario de los ´60… Abolir también la tiranía de sabelotodo del autor…(¡éramos tan inocentes y bien intencionados!). No me inspiré en Rayuela de Cortázar, si bien todo el mundo habló de ello  cuando salió La familia Fortuna, ya que Rayuela tiene solo dos formas posibles de lectura, y la historia es la misma, solo que se agregan comentarios… Aquí intenté que cada lector, entrando a la novela por donde quisiera y leyéndola en el orden que se le cantara, armara su propia «estructura» de la historia. Lo más interesante que descubrí después de ser publicada, ya que no partí de un «querer ser novedoso» sino de la forma que me pedía esa novela, fue que el lector, en ciertas circunstancias, sabe más que los personajes, ya que conoce, por los otros relatos ya leídos, qué le sucedió, o qué le sucederá a tal personaje… La libertad aleatoria, como juego, sumado a otorgarle al lector parte del poder del novelista. Además, quizá, (todo es quizá o tal vez…) un intento de aprehender aunque sea un poquito la maravillosa variedad de la vida…, («Creación, eres maravillosa» dice el Hijo en «Madre e Hijo» de Sokurov). Importante destacar, como inspiración o antecedente, que como estructura de novela siempre me gustó mucho El cuarteto de Alejandría, de (Lawrence) Durrell, y en cuando a la forma-juego, todo (Georges) Perec.

– Y tu laureado relato “Medio Zorro”, también tuvo otra génesis muy particular…

TS-  Yo estaba sin escribir desde hacía mucho, trabado en mi novela actual, mudándome y bastante estresado como de costumbre. Una tarde salgo del subte (metro) y veo un afiche promoviendo el concurso de Carnaval de Metrovías, premio modesto pero… algo es algo. Me dije: tengo que hacer algo, e imaginé ese cuento, sin otra pretensión que la de escribir un «cuento de Carnaval» y de, en lo posible, ganar el concurso. Por lo menos, el segundo objetivo lo logré.

– ¿Qué sigue de ahora en más, hay alguna apuesta medianamente cercana en tu horno literario?

TS-  Hace unos cuantos años estoy combatiendo literalmente con una novela, me he propuesto terminarla. Veremos. No cuento más por cábala, hace unos seis años, en un Mar de Letras, Festival literario en Cartagena, Murcia, al cual fui invitado, leí el primer capítulo… y después se trabó. Me costó mucho reanudarla, etc. etc. Cuando vea la luz, la mandaré a algún concurso y veremos que sucede…

 

Grandes de las letras: Juan Rulfo

Dicen que pocos como él retrataron al México rural. De pueblos sumergidos en el sopor del mediodía, de tierras yermas y ganado duro, de patrones omnipotentes y labriegos silenciosos. De un país con profundas desigualdades, donde germinaba la necesidad de cambio que luego se plasmaría en sangrientas revoluciones.

Dueño de una obra reducida, donde destacan sus cuentos y relatos cortos de El llano en llamas, Juan Rulfo (1917-1986) supo captar la esencia del hombre agreste del secano en los albores del siglo veinte, con sus quehaceres cotidianos, sus necesidades y sus legítimos anhelos.

Tantoes así que fruto de la trascendencia y como reconocimiento a su obra, en 1983 le fue otorgado premio Príncipe de Asturias de las Letras.

El texto que sigue es un extracto de su única novela publicada, Pedro Páramo, cuya aparición en 1955 representó la definitiva consagración del autor:

Al amanecer, gruesas gotas de lluvia cayeron sobre la tierra. Sonaban huecas al estamparse en el polvo blando y suelto de los surcos. El pájaro burlón cruzó a ras del suelo y gimió imitando el quejido de un niño; más allá se le oyó dar un gemido como de cansancio, y todavía más lejos, por donde comenzaba a abrirse el horizonte, soltó un hipo y luego una risotada, para volver a gemir después.

Fulgor Sedano sintió el olor de la tierra y se asomó a ver cómo la lluvia desfloraba los surcos. Sus ojos pequeños se alegraron. Dio hasta tres bocanadas de aquel sabor y sonrió hasta enseñar los dientes.

“¡Vaya! –dijo-. Otro buen año se nos echa encima.” Y añadió: “Ven agüita, ven. ¡Déjate caer hasta que te canses! Después córrete para allá, acuérdate que hemos abierto a la labor toda la tierra, nomás para que te des gusto.” Y soltó la risa.

El pájaro burlón que regresaba de recorrer los campos pasó casi frente a él y gimió con un gemido desgarrado.

El agua apretó su lluvia hasta que allá, por donde comenzaba a amanecer, se cerró el cielo y pareció que la oscuridad, que ya se iba, regresaba.

La puerta grande de la Media Luna rechinó al abrirse, remojada por la brisa. Fueron saliendo primero dos, luego otros dos y así hasta doscientos hombres a caballo que se desparramaron por los campos lluviosos…

 

La frase

» Aprendí muy poco, salvo que la mayoría de las acciones que puede realizar el hombre, sean malas o buenas, obtengan recompensa, alabanza o reprobación, habían sido ya realizadas; y sólo podían aprenderse en los libros»  (William Faulkner)

Jobs, Apple & Amazon

Cuando todavía no se han extinguido las muestras de reconocimiento hacia Steve Jobs, fundador e ideólogo de Apple, la empresa del logo de la manzana anuncia su próximo desembarco en España en el mercado de venta de libros electrónicos para readers, iPads y otras aplicaciones electrónicas.

Por tanto, las grandes empresas del sector saben que un serio competidor se incorpora. Y más allá de las razonables dudas por la pérdida de su verdadera materia gris, cuando los productos de la empresa han sido elevados a la categoría de mitos de la creación, lo cierto es que con esta iniciativa en nuestro mercado, sigue posicionándose de forma inmejorable.

Mientras que por su parte Amazon.es, ya se encuentra en pleno funcionamiento desde septiembre pasado. La empresa, muy agresiva en donde se encuentre mediante una competitiva política de precios, no puede operar de igual manera en España, ya que la existencia de precios fijos se lo impide. Aún así, ha decidido trabajar con la entrega del libro papel de forma gratuita, sin cargo adicional alguno, lo que ya representa un descuento implícito en el coste final del producto.

La empresa de Seattle se adentra también dentro del mercado de tabletas, anunciando el lanzamiento para el próximo noviembre del Amazon Kindle, que viene a competir con los productos de Apple y de Samsung.

De esta manera, el sector editorial sigue empujado con la dinámica de cambio que viene manifestándose en los últimos años en formatos y tecnología; transformaciones que no se detendrán en el tiempo venidero. Hechos que, como suele suceder en estos casos, amedrenta a algunos mientras que impulsa la imaginación de los estrategas de marketing, tan necesarios en momentos de innovación.

La frase

«Una buena literatura divide a los lectores, crea antagonismos, produce enfrentamientos y pasiones … es una forma privada de la utopía. Se lee para convertirse en poeta, para amar, para madurar, para mejor morir. Sólo a los lectores se les ofrece o se niega el mundo… hay que leer la literatura con fe, es decir, como modelo de vida, como un oráculo personal»   (Ricardo Piglia)

El escritor y los tópicos

Nuestro mundo se nutre de dudas y certezas, realidades de las que no puede abstraerse la creación literaria. Aunque existe una tercera jerarquía: los tópicos, que también ocupan una buena parte de la cotidianeidad que nos circunda. Y si hiciéramos una rápida cuenta atrás, descubriríamos cuántos de estos conceptos se nos han ido archivando desde edad temprana en el disco duro de nuestra memoria.

A su vez, la historia de la humanidad nos habla de muchos de los narradores que se decidieron a indagar en estos tópicos. Desde la Rusia zarista de Fiódor Dostoyevsky a la Inglaterra victoriana de Oscar Wilde; del agreste México de Juan Rulfo a la domesticada sociedad norteamericana de Arthur Miller, por solo nombrar algunos de ellos.

Más recientemente,  la estadounidense Annie Proulx es otro de los autores, aunque no tan reconocido, que se ubica dentro de este grupo. Escritora que además de romper con una norma de su género, irrumpió en el coto vedado del rudo oficio de los vaqueros, adentrándose en la relación amorosa entre dos jóvenes braceros del medio oeste americano. El texto siguiente pertenece al relato Brokeback Mountain(Siglo XXI), cuya adaptación fue llevada a la gran pantalla por el taiwanés Ang Lee:

Joe Aguirre les pagó, habló poco. Después de echar un vistazo a las arremolinadas ovejas con gesto agrio dijo:   -Algunas de estas no subieron allí con vosotros. –Tampoco el recuento le salió como era de esperar. Los patanes de los ranchos nunca hacían el trabajo como es debido.

     -¿Vas a volver a hacerlo el próximo verano? –le preguntó Jack a Ennis en la calle, ya con un pie en su camioneta verde. El viento soplaba en poderosas ráfagas frías.
– Tal vez no. – Un penacho se elevó del suelo nublando el aire con fina arena y Ennis entornó los párpados. Como te he dicho, Alma y yo nos casamos en diciembre. Voy a tratar de colocarme en un rancho. ¿Y tú?- Desvió la mirada de la mandíbula de Jack, amoratada como consecuencia del potente puñetazo que él le había pegado la víspera.

– Si no me sale al paso nada mejor. He pensado que quizás vuelva a casa de mi padre a echarle una mano en invierno, y luego quizás ponga rumbo a Tejas en primavera. Si no me reclutan.

– Bueno, nos veremos supongo. –El viento arrastró por la calle una saca vacía que fue a engancharse bajo la camioneta.

– Claro- dijo Jack, y se estrecharon la mano, se dieron una palmada en los hombros y luego ya estaban a doce metros el uno del otro y no quedaba más
que seguir caminando en direcciones opuestas. Ennis no había recorrido mucho más de un kilómetro cuando sintió como si estuvieran sacándole las tripas, un metro con cada tirón. Se detuvo en la cuneta y, en medio de los remolinos de la nevada, trató de vomitar sin conseguirlo. Se sentía peor que en toda su vida y esa sensación no lo abandonó en mucho tiempo…