De conciencias y fantasmas

Estos días un buen film ocupa un espacio de la cartelera, se trata de El escritor. Protagonizada por Pierce Brosnan, cuyo personaje supuestamente está escribiendo sus memorias y Ewan McGregor, en el papel de negro literario o autor de las mismas. El guión o pertenece a Roman Polanski, quien también la dirige.

El argumento tiene su origen en el thriller del inglés Robert Harris, Ghost Writer, éxito de venta en los países de habla inglesa, publicado por el sello Grijalbo, bajo el título de El poder en la sombra.

La película, como la novela en su día,  ha levantado muchas suspicacias acerca de si el político acusado de crímenes contra la humanidad a quien se hace referencia, representa en realidad al ex premier británico Tony Blair. Sobre el cual, al menos en la cinta, su mujer ejerce una gran influencia, hasta llegar a convertirse en partícipe de todas las grandes decisiones de éste.

Pero lo que en verdad llama la atención es la actitud que adopta el autor por encargo. Más aún cuando éste decide saltar la valla del obediente a sueldo hasta tornarse en un peligroso escritor de investigación, quien con sus pesquisas llega a poner en jaque a su propio empleador.

Según el diccionario de la Real Academia de las Letras, «Negro es el que trabaja anónimamente en trabajos literarios para lucimiento y provecho del otro»  De esta manera la mayoría de ellos hace su trabajo en la sombra, de allí la referencia a lo oscuro de su condición.

Personajes de todos los ámbitos han echado mano de los negros literarios en cuestión, aún así, son muy pocos los que logran emerger a la superficie y con ello obtener el merecido reconocimiento. Sucede cuando las figuras para las cuales escribe prefieren, por honestidad con quien ejecuta el verdadero trabajo, que éste aparezca en los créditos como coautor del texto. Eso siempre y cuando los hechos de la persona para la cual escribe no le lleguen a pesar en la conciencia.

¿Papel o digital?

 

 Mucho se ha hablado en los últimos tiempos del avance de la lectura bajo el soporte electrónico, y por relación directa, del peligro que se cierne sobre el libro en formato  tradicional.Desde los primeros programas para lectores (Sony Reader, Kindle de Amazon, etc.) se ha ido avanzando hasta la introducción de programas para teléfonos móviles e Iphones, y es de presumir que la oferta no terminará en ello, más cuando el buscador Google ha anunciado su intención de volcarse como editor “online”. Mientras que ahora para hacer aún más atractiva la oferta se nos comunica que muy pronto se incluirán también videos con  referencias a algunos tramos específicos de la historia.

Si analizamos las variables de la oferta segmentada por edades, se desprende que son  las nuevas generaciones de lectores las que por lógica más se vuelcan hacia los nuevos formatos, mientras que el libro impreso encuentra su sector de apoyo entre los lectores de mediana o mayor edad, más renuentes a aceptar las nuevas tecnologías.

De puertas adentro las empresas que han apostado por la inversión en los nuevos formatos admiten que el resultado no corresponde a sus expectativas, y que producto de la crisis o no, la introducción del libro bajo los nuevos soportes electrónicos avanza más lento de lo inicialmente pensado.

Es de suponer que dado los tiempos que corren, se hace evidente que en esta lucha hacia el futuro tiene particular incidencia el precio final con que el libro electrónico llega al mercado. Ya se sabe, la renta no es igualitaria en Alemania que en Indonesia.

 Aunque más allá de los nuevos adelantos y de los que se aproximan, da la impresión que aún queda trecho para el libro en formato papel. No sólo por la dificultad de unos para aceptar nuevas técnicas de lectura, sino porque al menos hasta el presente, las nuevas tecnologías no devuelven sensaciones táctiles u olfativas, ni tampoco la posibilidad de transitar hojeando la historia, liturgias muy enraizadas para los habituales lectores en el momento que acarician un libro impreso.

Así el futuro próximo nos despejará el interrogante: si los viejos formatos iniciados allá lejos por Gutemberg o la adhesión a los de nuevo cuño. Pero sea con el soporte nuevo o el tradicional, lo verdaderamente importante es acercar la lectura a la mayor cantidad de lectores posibles. La cultura por ello, agradecida.