Templos del saber

Nacieron hace más de cuatro mil años en la antigua Mesopotamia, el actual Irak; en el momento en que los sabios decidieron dejar atrás la transmisión de la sapiencia por medios orales, para contenerla en otras formas. Son las bibliotecas, santuarios del conocimiento a nuestro alcance.

En una primera instancia, las tablas de arcilla fueron las depositarias de su saber. Dieron un salto de calidad con la introducción del papiro y, en su afán de reunirlos, indujeron al nacimiento al libro. Mucho después, la linotipia surgió como el elemento determinante para su industrialización y la distribución masiva del mismo.

Pronto se hicieron necesarias las instituciones que los albergaran así como personas que los protegieran, y fue en manos de las órdenes religiosas donde encontraron los primeros cuidados. La nobleza también comprendió el valor de proteger la herencia del saber humano; por lo que no dudaron en hacer acopio de cualquier obra escrita al que se le asignara cierta importancia, llegando a albergar verdaderos tesoros en volúmenes de todo tipo.

Hoy, las letras se encuentran a nuestro abasto gracias a una extensa red de instituciones públicas, centros de estudios, fundaciones, etc., que aportan su esfuerzo para mantener el legado escrito en todas sus formas y soportes.

Por ello y a modo de reconocimiento a su labor, vayan algunos ejemplos destacados de estas Catedrales Europeas de la Cultura.

Frankfurt, Argentina, las perspectivas y el Nobel

Una nueva edición del más importante encuentro internacional del libro, la feria de Frankfurt ha tenido lugar en la ciudad alemana. Allí se dieron cita los representantes del mundo editorial mundial, para un año más renovar  contactos, intercambiar experiencias y por supuesto, realizar sus transacciones a futuro.

Así, en los amplios pabellones del centro de exposiciones de la capital del estado de Hesse, se entremezclaban editores, agentes literarios, periodistas, autores y público en general, ávidos todos de tornar valioso su tiempo en los limitados días del evento.

Pero si de amalgamas y mestizaje hablamos, nada mejor que la aportación cultural del país invitado en esta oportunidad, Argentina. Ya que una pléyade de escritores del país sudamericano, en número cercano a los sesenta, entre los que se encontraban Juan Gelman,  Diana Bellessi, Alan Pauls o Ana María Shua, por solo nombrar algunos, se  hicieron presentes en el acontecimiento.

En el pabellón del país invitado pudimos encontrar abundante bibliografía (300 obras fueron traducidas al alemán). Aunque también se aprovechó el filón para hacer conocer parte de su historia con representaciones de las diversas regiones, todo, en un recinto decorado con ilustraciones de su abundante iconografía.

Coincidentemente, cabe mencionar, que la prestigiosa revista literaria Granta, en su edición en español,  ha hecho sus proyecciones en cuanto a jóvenes escritores a tener en cuenta dentro del próximo decenio en las letras castellanas. De sus predicciones, son veintidós los autores a destacar en un futuro próximo, encabezando la lista con ocho literatos argentinos, a los que les siguen en número seis españoles.

Mario Vargas Llosa (AP)

Por fin, aunque otros escritores de trayectoria internacional hicieron presencia, como Ken Follet, que presentaba su nueva novela, La caída de los gigantes, o el autor local Günter Grass, fue la “ausencia” del peruano Vargas Llosa la que más expectación levantó. Su nombramiento como nuevo premio Nobel de literatura del año, acaparó todos los abrazos y las sonrisas en el  stand de su agente literaria Carmen Balcells, así como en el del grupo Santillana y de su sello editorial Alfaguara, quienes ya se están restregando las manos ante el lanzamiento mundial de la próxima novela del laureado escritor, El sueño del celta, en los primeros días del noviembre venidero.

La frase

«De un libro publicado por determinada editorial se espera que respete o no ciertos criterios, que tenga tal o cual orientación política, que su contenido sea o no fiable; pero en una palabra, el nombre del editor debe procurar cierta garantía»  (André Schiffrin, autor de La edición sin editores, editorial Destino)

Retazos de un verano

Entre ellas, se hacían muy visibles las historias que emergen de la saga Crepúsculo, de Stephenie Meyer, y las acaramelas novelas de Federico Moccia (Perdona si te llamo amor, Perdona pero quiero casarme contigo, etc.). Ahora bien, no sabemos a ciencia cierta si han ayudado  al entretenimiento de sus lectores, pero no cabe duda que han contribuido de forma significativa a la satisfacción de sus editores.

Aunque lo que en verdad llama la atención es que, siendo obras concebidas para un público eminentemente adolescente, muchos de sus lectores eran personas que pasaban por largo la barrera de los treinta. Por tanto, a menos que se trate de una nueva terapia amparada en el afán vampírico de mantenerse joven, nos mueve a la pregunta del millón ¿qué es lo que lleva  al público adulto a inclinarse por una lectura de neto corte romántico juvenil?

Entrevista: Berta Marsé

Berta Marsé (Lisbeth Salas)

Concisa, poco amiga de las estridencias y menos aún de las posturas acartonadas. Hemos tenido la oportunidad de conversar con la joven escritora barcelonesa, quien acaba de publicar Fantasías animadas (Ed. Anagrama), su segunda producción de relatos breves.

¿Cómo surgió la idea que ilustra la portada del libro (Batman y Robin en apasionado beso)?

 BM La historia es un poco decepcionante ya que yo tenía pensada otra, pero el ilustrador no quiso cederme los derechos. Luego encontré la nueva por pura casualidad y por suerte la autora (Isabel Samaras) accedió a ello.

– En un pasado no muy lejano has sido lectora de manuscritos y guiones para el cine, ¿cómo fue tu salto hacia la escritura?

BM  Bueno, yo ya escribía mientras hacía mis trabajos de lectura. Con lo cual, mi primer libro se editó con material “antiguo”, por tanto, no hubo salto sino una compaginación de tareas.

– Y una vez tu primera obra fue publicada, ¿cuál fue tu sensación, satisfacción, preocupación, responsabilidad…?

BM   Responsabilidad sí, satisfacción también, preocupación no tanto, ya que tardé siete años en hacer mi primer libro, En jaque (Anagrama). O sea, cuidé que no me cayera un palo muy gordo (risas). 

– Y las críticas ¿cómo respondieron?

BM  Bastante bien. De hecho, me fue mejor con las críticas que con las ventas (nuevas risas).

– Hablando de tu nueva apuesta, me gustaría destacar tres relatos, Lo de don Vito, El bebé de Rosa y Las prosperinas. Llama la atención cómo has creado las premisas de las historias y evidentemente cómo las has desarrollado. Como autora ¿cuál de ellos te ha dado más satisfacción?

BM Las prosperinas, porque es un cuento que de antemano había pensado  que no podría con él.

– ¿De dónde nació la idea?

BM  De un hecho casual. Hace unos años en la sala de espera de un hospital coincidí con dos viejecitas que tuvieron la misma conversación que yo reproduzco en el cuento. Y luego, la enlacé con otra anécdota que surge del pueblo de mi madre, ya que ella era toda una “prosperina”.

– Ya. ¿Y de dónde te surge esa vena ácida e irónica?

BM  Es algo inconsciente. Pero seguramente de mi madre.

 – Es habitual oír como los escritores noveles destacan la dificultad para que sus obras sean leídas por las editoriales. A tu juicio, ¿qué deben de tener los textos para lograr ese objetivo?

BM  Pues simplemente que estén bien. A mí me consta –por mi propia experiencia anterior- que las editoriales se lo leen todo. Si el material es bueno, de alguna forma llegará.

– Y ahora, ¿cómo sigue la historia, al menos en tu caso?

BM   Pues estoy trabajando en un texto, que probablemente derive en una novela corta, o tal vez mediana, ya que la gran extensión no va con mi estilo. Definitivamente, no me gustan los tochos, son como las películas de cuatro horas, ¡imposibles!