» Aprendí muy poco, salvo que la mayoría de las acciones que puede realizar el hombre, sean malas o buenas, obtengan recompensa, alabanza o reprobación, habían sido ya realizadas; y sólo podían aprenderse en los libros» (William Faulkner)
Autor: depunoyletra.com
Jobs, Apple & Amazon
Cuando todavía no se han extinguido las muestras de reconocimiento hacia Steve Jobs, fundador e ideólogo de Apple, la empresa del logo de la manzana anuncia su próximo desembarco en España en el mercado de venta de libros electrónicos para readers, iPads y otras aplicaciones electrónicas.
Por tanto, las grandes empresas del sector saben que un serio competidor se incorpora. Y más allá de las razonables dudas por la pérdida de su verdadera materia gris, cuando los productos de la empresa han sido elevados a la categoría de mitos de la creación, lo cierto es que con esta iniciativa en nuestro mercado, sigue posicionándose de forma inmejorable.
Mientras que por su parte Amazon.es, ya se encuentra en pleno funcionamiento desde septiembre pasado. La empresa, muy agresiva en donde se encuentre mediante una competitiva política de precios, no puede operar de igual manera en España, ya que la existencia de precios fijos se lo impide. Aún así, ha decidido trabajar con la entrega del libro papel de forma gratuita, sin cargo adicional alguno, lo que ya representa un descuento implícito en el coste final del producto.
La empresa de Seattle se adentra también dentro del mercado de tabletas, anunciando el lanzamiento para el próximo noviembre del Amazon Kindle, que viene a competir con los productos de Apple y de Samsung.
De esta manera, el sector editorial sigue empujado con la dinámica de cambio que viene manifestándose en los últimos años en formatos y tecnología; transformaciones que no se detendrán en el tiempo venidero. Hechos que, como suele suceder en estos casos, amedrenta a algunos mientras que impulsa la imaginación de los estrategas de marketing, tan necesarios en momentos de innovación.
La frase
«Una buena literatura divide a los lectores, crea antagonismos, produce enfrentamientos y pasiones … es una forma privada de la utopía. Se lee para convertirse en poeta, para amar, para madurar, para mejor morir. Sólo a los lectores se les ofrece o se niega el mundo… hay que leer la literatura con fe, es decir, como modelo de vida, como un oráculo personal» (Ricardo Piglia)
El escritor y los tópicos
Nuestro mundo se nutre de dudas y certezas, realidades de las que no puede abstraerse la creación literaria. Aunque existe una tercera jerarquía: los tópicos, que también ocupan una buena parte de la cotidianeidad que nos circunda. Y si hiciéramos una rápida cuenta atrás, descubriríamos cuántos de estos conceptos se nos han ido archivando desde edad temprana en el disco duro de nuestra memoria.
A su vez, la historia de la humanidad nos habla de muchos de los narradores que se decidieron a indagar en estos tópicos. Desde la Rusia zarista de Fiódor Dostoyevsky a la Inglaterra victoriana de Oscar Wilde; del agreste México de Juan Rulfo a la domesticada sociedad norteamericana de Arthur Miller, por solo nombrar algunos de ellos.
Más recientemente, la estadounidense Annie Proulx es otro de los autores, aunque no tan reconocido, que se ubica dentro de este grupo. Escritora que además de romper con una norma de su género, irrumpió en el coto vedado del rudo oficio de los vaqueros, adentrándose en la relación amorosa entre dos jóvenes braceros del medio oeste americano. El texto siguiente pertenece al relato Brokeback Mountain(Siglo XXI), cuya adaptación fue llevada a la gran pantalla por el taiwanés Ang Lee:
Joe Aguirre les pagó, habló poco. Después de echar un vistazo a las arremolinadas ovejas con gesto agrio dijo: -Algunas de estas no subieron allí con vosotros. –Tampoco el recuento le salió como era de esperar. Los patanes de los ranchos nunca hacían el trabajo como es debido.
-¿Vas a volver a hacerlo el próximo verano? –le preguntó Jack a Ennis en la calle, ya con un pie en su camioneta verde. El viento soplaba en poderosas ráfagas frías.
– Tal vez no. – Un penacho se elevó del suelo nublando el aire con fina arena y Ennis entornó los párpados. Como te he dicho, Alma y yo nos casamos en diciembre. Voy a tratar de colocarme en un rancho. ¿Y tú?- Desvió la mirada de la mandíbula de Jack, amoratada como consecuencia del potente puñetazo que él le había pegado la víspera.
– Si no me sale al paso nada mejor. He pensado que quizás vuelva a casa de mi padre a echarle una mano en invierno, y luego quizás ponga rumbo a Tejas en primavera. Si no me reclutan.
– Bueno, nos veremos supongo. –El viento arrastró por la calle una saca vacía que fue a engancharse bajo la camioneta.
– Claro- dijo Jack, y se estrecharon la mano, se dieron una palmada en los hombros y luego ya estaban a doce metros el uno del otro y no quedaba más
que seguir caminando en direcciones opuestas. Ennis no había recorrido mucho más de un kilómetro cuando sintió como si estuvieran sacándole las tripas, un metro con cada tirón. Se detuvo en la cuneta y, en medio de los remolinos de la nevada, trató de vomitar sin conseguirlo. Se sentía peor que en toda su vida y esa sensación no lo abandonó en mucho tiempo…
La frase
«Adquirir el hábito de la lectura y rodearnos de buenos libros es construirnos un refugio moral que nos protege de casi todas las miserias de la vida» (William Somerset Maugham)
La literatura y el movimiento del 15-M
Lejos estaba Stéphane Hessel de imaginar, en su visita de marzo de este año, la repercusión que alcanzaría su pequeño libro en nuestro país. A punto tal que,
recogiendo las ideas que se barajan en él y aún más en su título, el movimiento surgido en las principales plazas de España, encabezadas por las de Puerta del
Sol en Madrid y de Catalunya en Barcelona, pasó a denominarse con el genérico de los indignados.
Ahora, nos dejaríamos llevar por la respuesta fácil si dijéramos que el movimiento del 15-M nació fruto de la publicación de este autor francés nonagenario, ya que la concepción de la misma, es mucho anterior a la explosión en los espacios de todo el país. Eso sí, huelga mencionar que venía precedida de un éxito sin parangón en el país vecino.
Pero a decir verdad, no fue este el único libro en que se explican experiencias de jóvenes o dirigidas a ellos, y mucho de esto se pudo apreciar en la reciente
Feria del Libro de Madrid. Entre ellos encontramos Libre, solo y sin pasta, de Romain Monnery (Grijalbo), donde se habla de los jóvenes que rechazan el
mercado laboral, porque antes fueron rechazados por él; o Reacciona, de José Luis Sampedro, Federico Mayor Zaragoza, Baltasar Garzón entre otros (Aguilar), quienes también impulsan la necesidad de actuar pues según ellos, aún hay esperanza.
No hace falta ser un analista político para entender que al caldo de cultivo de tamaña muestra de protesta, se fragua a través de años de políticas cargadas de
falencias, que miraban de soslayo muchas de las consecuencias que se veían venir, y que exceden mucho más allá del g
obierno circunstancial de turno.
Hoy las conciencias surgidas de la jornada del quince de mayo se debaten en cómo seguir el camino iniciado, con el aval de los aciertos cosechados, sus dudas metódicas y sus muchas inexperiencias como organización de base. Entendiendo aquello tan trillado de que no se puede esperar que hagan por ti cosas que por tu propio interés tú debes pilotar en tu vida. Para ello es menester nutrirse de información y luego reflexionar, y la lectura también puede llegar a ser una buena herramienta para este fin.
La frase
«Soy una escritora que tiene miedo de la celada de las palabras. Las palabras que digo esconden otras, ¿cuáles? tal vez las diga. Escribir es una piedra lanzada en lo hondo de un pozo» (Clarice Lispector)
Sant Jordi
23 de abril en la mediterránea Barcelona, la ciudad y sus habitantes ponen sus mejores sonrisas primaverales para agasajarse. Es la conmemoración de Sant Jordi, se impone obsequiar un libro y una rosa.
La jornada dio comienzo con las miradas de todos puestas en las alturas, ya que las predicciones no auguraban el mejor de los climas para una celebración esencialmente callejera, y en esta oportunidad, con la desventaja de coincidir en día de Semana Santa. A pesar de ello, los tenderetes con las diferentes ofertas editoriales se instalaron en los principales paseos y las plazas siendo muchos, los que sorprendiendo a propios y extraños, dejaron que el polen de la festividad les invadiera desde muy temprano.
Como suele suceder, en los días previos los medios se hicieron eco de las nuevas publicaciones y de cuáles se impondrían en las preferencias en las listas de ventas, importante en cierta manera para una industria que en un sólo día, suele mover un volumen cercano al veinte por ciento de su facturación anual. Quizás como producto de aquello que decía Ernesto Sábato, cuando sugería que los libros debían estar en la calle, “al paso de cada lector”
En esta ocasión, confirmando cada vez que no se produce un gran lanzamiento de un autor extranjero, las preferencias fueron muy repartidas. Hecho que motivó la satisfacción de libreros, editoriales y también de los compradores, que con su elección premiaron las apuestas de los géneros más variados, con los escritores siempre prestos para la firma de sus ejemplares.
Tal vez por ello o por la conjunción de deseos, el sol dijo presente en la fiesta, animando las calles de por sí plenas de buenos augurios, los que no se
extinguieron hasta bien avanzada la tarde. Donde las caras de satisfacción, dieron rienda suelta a una de las celebraciones más arraigadas de la antigua Barcino y que, al juzgar por la enorme presencia de admirados turistas, viene trascendiendo fronteras.
Grandes de las letras: Herman Melville
¿Quién no ha oído hablar alguna vez sobre Moby Dick?, historia mundialmente conocida a través de la novela sobre el capitán Ahab y de su implacable persecución de la gran ballena blanca. Su autor Herman Melville (1819-1891), es uno de los grandes escritores de todos los tiempos.
El estadounidense fue un autor que incursionó en los géneros más variados, ya que la poesía, el ensayo y también el cuento formaron parte de su obra literaria.
El texto siguiente forma parte del que es quizás su texto breve más celebrado: Bartleby, el escribiente; cuya traducción del original recayó en las manos de Jorge Luis Borges. Y como sucede en casi todo buen texto, el relato guarda una absoluta atemporalidad.
Ya he concluido con él, pensaba, al fin, cuando pasó otra semana sin más noticias. Pero al llegar a mi oficina, al día siguiente, encontré varias personas esperando en mi puerta, en un estado de gran excitación.
-Éste es el hombre, ahí viene- gritó el que estaba delante, y que no era otro que el abogado que me había visitado.
-Usted tiene que sacarlo, señor, en el acto- gritó un hombre adelantándose y en el que reconocí al propietario del nº X de Wall Street. Estos caballeros, mis inquilinos, no pueden soportarlo más; Mr. B. -señalando al abogado- lo ha echado de su oficina, y ahora persiste en ocupar todo el edificio, sentándose de día en los pasamanos de la escalera y durmiendo en la entrada, de noche. Todos están inquietos; los clientes abandonan las oficinas; hay temores de un tumulto, usted tiene que hacer algo inmediatamente.
Horrorizado ante este torrente, retrocedí y hubiera querido encerrarme con llave en mi nuevo domicilio. En vano protesté que nada tenía que ver con Bartleby. En vano: yo era la última persona relacionada con él y nadie quería olvidar esa circunstancia. Temeroso de que me denunciaran en los diarios (como alguien insinuó oscuramente) consideré el asunto y dije que si el abogado me concedía una entrevista privada con el amanuense en su propia oficina (la del abogado) haría lo posible por librarnos del estorbo. Subiendo a mi antigua morada, encontré a Bartleby silencioso, sentado sobre la baranda en el descanso.
-¿Qué está haciendo ahí, Bartleby?- le dije.
-Sentado en la baranda- respondió humildemente.
Lo hice entrar a la oficina del abogado, que nos dejó solos.
-Bartleby-dije-, ¿se da cuenta de que está ocasionándome un gran disgusto, con su persistencia en ocupar la entrada después de haber sido despedido de la oficina?
Silencio.
-Tiene que elegir. O usted hace algo, o algo se hace con usted. Ahora bien, ¿qué clase de trabajo quisiera hacer? ¿le gustaría volver a emplearse como copista?
-No, prefería no hacer ningún cambio.
-¿Le gustaría ser vendedor en una tienda de géneros?
-Es demasiado encierro. No, no me gustaría ser vendedor en una tienda; pero no soy exigente.
-¡Demasiado encierro-grité-, pero si usted está encerrado todo el día!
-Preferiría no ser vendedor- respondió para cerrar la discusión.
-¿Qué le parece un empleo en un bar? Eso no fatiga la vista.
-No me gustaría, pero como he dicho antes, no soy exigente…
La frase
«Procura primero satisfacerte a ti mismo, que luego el lector no podrá de dejar de recibir la comunicación telepática y la excitación mental, pues en su cerebro actúan las mismas leyes que en el tuyo» (Jack Kerouac)